Tras la huella de quienes nos precedieron hace 13.500 años

Ugo Meneghin y una nueva entrega de la revista Orígenes

2 Mar 2021  •  17:33

2 de marzo de 2021
Actualizado: 17:33h

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La Fundación Arqueológica Uruguaya acaba de publicar el número 16 de la revista Orígenes. Lujosamente impresa, con abundantes gráficas y láminas a color, y bajo la autoría de Ugo Meneghin, está enteramente dedicada a una puesta al día sobre La localidad arqueológica del Cerro de los Burros. El sitio Urupez. Breve síntesis histórica de las investigaciones: 1970-2020.

Si bien el cerrito no tan elevado ubicado en la costa de Maldonado entre las playas Verde y Hermosa venía siendo investigado desde 1950, tuvo un real empuje a partir de la irrupción allí de un clásico de la arqueología uruguaya como lo fue Antonio Taddei, finalizando la década del 60. Por entonces lo acompañaba un joven Ugo Meneghin. Entrevistado por El Tungue Lé, dijo que “el prócer Taddei estaba totalmente involucrado con el Catalán (en el Departamento de Artigas). Mire Ugo, me dijo, le dejo el cerro”.

En trabajos siguientes el mismo Meneghin encontró un par de puntas de lanza, conocidas como “cola de pescado” y hasta pudo datar su antigüedad en cerca de 14.000 años, por lo que allí hubo actividad humana en ese tiempo tan lejano. El hallazgo, de alguna manera inscribe esta región, integrada a una mucho más amplia. “El estrato de la cola de pescado se extiende con similares desde el norte de Sudamérica hasta la cueva de Fell en el sur de la Patagonia chilena”, comentó.

“En el año 1974 accedimos a la cumbre y ahí encontramos el taller lítico. El cerro era un gran proveedor de materia prima de reolita. En Urupez (la procesadora de pescado abandonada hace muchos años), el arroyo Tarariras, Playa Verde, Playa Hermosa, acampaban (los indígenas) y periódicamente subían al cerro, elaboraban sus artefactos y los restos de la manufactura quedaba en el piso, se llevaban las piezas enteras, Nosotros excavamos siete años de corrido arriba del cerro y pudimos rescatar una gran cantidad de artefactos sin terminar, puntas de proyectil, raederas, cuchillos”, añadió Meneghin.

Todo el material hallado, así también como varias dataciones de antigüedad en laboratorios norteamericanos, es ampliamente detallado en Orígenes. También resulta interesante reparar en los valores estéticos y hasta artísticos que hoy desprenden los instrumentos encontrados. Para el entrevistado, “cuando usted va al nivel de las puntas acanaladas diez, doce, trece mil quinientos años atrás encuentra joyas, obras de arte. Había una tecnología que se perdió, hubo una especie de involución. Las posteriores no tenían la misma calidad”.

Y dejó un reflexión final: “Fíjese usted que estamos hablando  de doce, trece mil años, no había nada en el viejo mundo, y en Uruguay, a veces uno se pone nostálgico cuando está arriba del cerro, ¡caramba!, acá había seres humanos, niños, ancianos que subían al cerro en busca de sus herramientas… a veces creo que siento el ruido de los percutores”.

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Foto: market.xperience.uy

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