La pelota no se mancha (pero en la cabeza duele)

¿Puede un pelotazo generar una conmoción cerebral? ¿Cuánto afecta a la salud la exposición a golpear la pelota con la cabeza durante años?

15 Ago 2018  •  11:15

15 de agosto de 2018
Actualizado: 11:15h

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El primer gran pelotazo que recuerdo fue en 1993. Pelotazo, pelotazo, de esos que te desmayan. Y esa fue la suerte del Indio Morán en plena Copa América. Traté de apoyarme en el gran logger de la vida que es YouTube pero no encontré nada. A creerme. Contra Estados Unidos fue. El Indio cayó fulminado y tuvo que salir. ¿Habrá sufrido una conmoción cerebral? ¿Qué significa eso que tantas veces escuchamos?

La ciencia ha establecido criterios para determinar cuando se produce una conmoción cerebral y existen estudios para entender cómo se generan. Gustavo Grinspan, biólogo e integrante de Parábola Perfecta, realizó una exhaustiva revisión bibliográfica que da elementos bien precisos. Si hay algo que le gusta al científico es leer cosas que otros científicos leyeron y elaboraron. ¡Y así se construye socialmente la ciencia y el conocimiento! No hay otra y Gustavo lo sabe.

Es imposible no pensar qué tanto puede afectar un pelotazo en la cabeza, uno sorpresivo, de esos que duelen. ¿Será comparable a una piña de un boxeador? Gustavo recoge ciertos números que sorprenden.

Ta, pero una cosa es el pelotazo que se da cada tanto, el que sorprende y duele. El inevitable. Pero.. ¿qué pasa con la exposición constante a lo largo de una carrera de un futbolista de cabecear cientos o miles de pelotas?

El extraodinario goleador inglés Alan Shearer se lo preguntó ya en su retiro. Empezó a pifiar con su memoria y se empezó a preguntar si eso de cabecear tanto en su vida tiene algo que ver. Esta investigación, en forma de documental de la BBC (https://www.youtube.com/watch?v=vMoDtIJ_b8I), es recogida en esta Parábola.

Para el final, Gustavo comenta acerca de la propuesta que hay sobre la mesa en los Estados Unidos: prohibir el cabezazo en el fútbol entre los niños. Polémico, pero hace reflexionar a la luz de la investigación.

Y la clave es esa. Investigar, generar conocimiento para tomar decisiones. Sin alarma, con certezas y poder cambiar la realidad.

Foto: Nicolás Celaya (Adhoc fotos)

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