La epidemia como hecho social no exclusivamente sanitario

En charla con Rafael Mandressi surgen preguntas: ¿por qué el COVID-19 está en la agenda mundial? ¿las decisiones son exclusivamente médicas?

5 Abr 2020  •  20:08

5 de abril de 2020
Actualizado: 20:08h

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Aquel partido Brasil-Argentina en el mundial del 90 fue una locura. Los rioplatenses estaban absolutamente dominados por un equipo brasileño genial, sometidos al ruido de la pelota en los palos, hasta que una genialidad de Diego inventó un gol de Caniggia para que ganen los albicelestes. Como siempre el fútbol, metáfora de la vida.    

Cuando la cosa viene apretada, con la línea de cuatro recostada contra el área, se necesita algo. Hundir el dedo gordo a la guinda para sacarla al óbol o apostar a alguna jugada que pueda cambiar el partido. O las dos. Cada una en su momento.

Cuando ya pasaron tres semanas de medidas progresivas de distanciamiento y la saturación se hace evidente, se necesitan otras preguntas que lleven a nuevas respuestas. Así funciona el conocimiento. Reformular las dudas permite avanzar. 

Nos estamos acostumbrando a la distancia. Rafael Mandressi* invita a la distancia crítica con todo lo que ha ido produciendo el COVID-19 y su tratamiento. A hacernos preguntas, discernir entre sacarla al óbol y soñar con una jugada mágica. En definitiva, a pensar.

A continuación se sintetizan los temas tratados en la charla y al final se puede escuchar la nota completa. 

La epidemia como fenómeno social 

Si bien no hay fenómenos que se repiten de la misma forma, hay “grados de estabilidad”. Por tanto las epidemias no son nuevas para la humanidad, aunque se presentan con rasgos distintivos cada vez.  

Es natural que se consulte a las ciencias naturales acerca de epidemias, pero no hay que perder de vista que es un “hecho social total”, es decir un fenómeno que atañe a prácticamente todas las dimensiones de la vida social

Saturación de los medios de comunicación

Se saturó muy rápido el espacio de la palabra: televisión, radio, prensa escrita y redes sociales. 

Cuando esto ocurre, no queda espacio para cosas nuevas. Se comienza a dar vueltas sobre lo mismo (quédate en casa, cuidémonos entre todos, los vulnerables, la solidaridad, aplanar la curva)… y ¿qué es lo nuevo? 

Lo nuevo resulta ser el ritual de los números en la conferencia de prensa. 

“Cuando el espacio está saturado el espiral se transforma en círculo” dice Mandressi. 

Se pierde la capacidad de dudar. No del virus y su existencia. Sino la capacidad de preguntar y que esto no sea tomado como una crítica.

Mandressi lo llama el “síndrome de la cristalería”: no te muevas que se rompe todo

 ¿Expertos o políticos? 

Si la epidemia es un hecho social, no deberían estar todas las decisiones basadas exclusivamente en opiniones médicas. De hecho no lo están, pero así son presentadas. 

“Hay una especie de alianza entre medicina y política que históricamente siempre ha sido muy próxima, en la cual el poder político remite a una opinión experta para fundar la legitimidad de decisiones que no son científicas, que siempre son políticas aún cuando sean sanitarias” plantea Mandressi. 

¿Quién determina si el problema es de todos? 

La epidemia del COVID-19 viene generando desorden, lo que será resuelto con un  reordenamiento a nivel global. Otro tipo de epidemias no lo produce. Mandressi se pregunta y esboza una hipótesis: 

“¿Por qué el COVID-19  está de esta forma en la agenda? Una hipótesis puede ser que es porque afecta más que otras enfermedades a aquellos que tienen capacidad de colocar temas en la agenda. La tuberculosis y la malaria afecta a gente que tiene menos capacidad de colocar temas” 

El COVID-19 está pegando en sectores sociales y en términos de la geografía planetaria que son los que tienen mayor capacidad de promover algo como problema central. ¿Cómo podemos saber si el problema que se impone como central es realmente el de todos? 

Escuchá la charla completa acá

*Rafael Mandressi es Doctor en Filosofía por la Universidad de París VIII, historiador y escritor. Desde 2003 reside en París, donde es investigador en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), director adjunto del Centro Alexandre-Koyré de historia de la ciencia y docente en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS)

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