El bardo ancestral africano en clave de mujer

Trovadoras africanas guardianas de la tradición. Un libro de Laura Machín Álvarez

1 Mar 2021  •  18:35

1 de marzo de 2021
Actualizado: 18:35h

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Laura Machín Álvarez es uruguaya y está radicada hace muchos años en Noruega. Es Magister en Estudios de Asia y África francófona subsahariana. Tras numerosas publicaciones de autoría propia, el sello Perro Andaluz acaba de editarle Trovadoras africanas: guardianas de la tradición.

Centrada su investigación en las jalimusu de la cultura mandinga, llamadas también griottes, Machín Álvarez indicó a El Tungue Lé que griot es “un término que le han dado los franceses al bardo africano y también se usa un poco en España”. Agrega que “mandinga es la lengua en general y se divide en tres grupos: el malinké que se habla en Guinea, el bambara en Malí, y el dioula que se habla en Costa de Marfil”, también “en Senegal se habla un dialecto: el mandinka”.

Con una exhaustiva pesquisa bibliográfica a la que suma investigación de campo habiendo viajado en varias oportunidades al continente africano, como queda de manifiesto en este libro, la también docente, musicóloga y traductora destacó que el “corazón del mandé es Malí. El origen de esta cultura se remonta al tiempo de ese imperio en el siglo 13, “cuando la sociedad fue dividida en tres categorías: los nobles, los artesanos y los cautivos. Dentro de la categoría de los artesanos estaban los griots. Al griot se le llama el artesano de la palabra. Sus tradiciones orales y su arte verbal han sido conservados durante todos estos siglos. Se los compara con los trovadores y los juglares de la edad media en Europa. Este artesano está al servicio de los nobles. Cumplía el rol de aconsejar al rey, era el que sabía la historia de las familias. Son los únicos que tiene derecho a cantar, a ser músicos. Es una tradición que perdura y son muy celosos de su saber” dijo Machín Álvarez, ubicada en Oslo.

Si bien estos bardos masculinos han sido del interés de muchos abordajes, no es el caso de las mujeres con similares funciones, lo que añade un atractivo extra el encare asumido en esta obra. Al respecto, Machín Álvarez señala que la jalimusu “la griot femenina o griotte, esta barda mandinga, la trovadora, ha quedado muy rezagada por el bardo masculino, pero es muy importante. Cantan lo mismo, que son alabanzas. Los únicos que narran las epopeyas son los hombres. Ellas les cantan a las mujeres de una familia cantos de carácter laudatorio la mayoría, por ejemplo, consejos a la mujer cuando se va a casar. Está presente en los casamientos y educa a la mujer. Hace de mediadora. Le canta también a la familia de un recién nacido”.

No falta un profuso estudio de estos cantos y sus temas, igualmente los instrumentos típicos como la Kóoraa, o el tambor. Con respecto al primero dijo que no puede ser tocado por la mujer por tratarse de un instrumento femenino, y que tampoco toca el tambor porque entre sus tradiciones “es como si la mujer estuviera golpeando a su marido en público”.

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