A 130 años del clásico de Wilde: El retrato de Dorian Gray

La búsqueda de la belleza y el lado oculto de la sociedad británica victoriana

13 Mar 2021  •  12:20

13 de marzo de 2021
Actualizado: 12:20h

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En su columna de historia del arte en El Tungue Lé, Ana Broggio centró su comentario en la clásica novela El retrato de Dorian Gray, del escritor irlandés Oscar Wilde, que desde su aparición a fines del siglo 19 “no cesa de editarse en todos los formatos, todos los colores, todos los idiomas”, al decir de la Broggio.

Diversas corrientes artísticas que van desde las artes plásticas hasta la ópera se convierten en el telón de fondo de una obra que habla acerca de la naturaleza humana utilizando una metáfora que se remonta al mito de Narciso. Al ser “un tema recurrente de la literatura que es el de los retratos y de la imagen”, explicó, además de contextualizar la época en varios planos, como es la característica de su espacio, repasa una serie de antecedentes: la pintura de Caravaggio de 1599 sobre el señalado mito y “su manejo del tenebrismo”, El castillo de Otranto del escritor inglés Walpole en 1764 “considerada la primera novela de la literatura gótica”, y también El retrato oval de Edgar Allan Poe de 1845, subrayando al respecto una frase del propio Wilde: “Sé que no soy nada novedoso”.

Para la profesora “el retrato, el espejo nos refleja. Tiene sus matices totalmente filosóficos. Y con el autoanálisis. La vigencia de Dorian Gray tiene que ver en cómo se ven reflejados en nosotros mismos los actos de nuestras vidas. La época victoriana fue una sociedad basada en valores puritanos como el ahorro, el trabajo, el control sobre los vicios, y sobre todo en los vicios de la carne. Pero esa sociedad tenía su lado oculto: los barrios bajos de Londres, la explotación infantil, la prostitución, la cuestión obrera, los fumaderos de opio por ejemplo. Dorian oscila entre el mundo de la alta sociedad, porque él es un aristócrata, y este bajo mundo”.

Entre muchos aspectos más, Ana Broggio expresó que “Wilde es también un esteticista, corriente de fines del siglo 19 y principios del 20 que refiere a esa idea del arte por el arte. Ellos pensaban que el arte no tenía que tener ninguna función moralizante, buscaban la belleza, y eso está muy presente en esta novela”.

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